Zidane

Durante mucho tiempo y debido al gran potencial con el que contaba Zidane entre sus manos -la suplencia de Isco era evidentemente lo más chocante- su apuesta constante por la BBC provocó que se pusiera en duda su capacidad de decisión. Sin embargo, la explicación iba más allá de que Bale hubiera costado “mucho dinero”. El Real Madrid, con los extremos ocupados de una forma más o menos constante las bandas -al final Cristiano Ronaldo y Bale son jugadores de constante incidencia en el carril central- lograba perder la pelota mejor, finalizar más jugadas y presionar con más éxito. El técnico francés tenía muy claro su plan ‘A’, pero la realidad de estar manejando la plantilla más poderosa del momento le obligó a construir un Real Madrid que será recordado por la rotación y la inevitable variación en sus planteamientos.
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Aquí, evidentemente, entra en escena Isco Alarcón, que en la temporada del doblete Liga – Champions pasó a ser una de las piedras angulares del sistema. Los problemas físicos de Gareth Bale y su tremendo nivel individual obligaron a Zidane a incluir al malagueño en el once, alcanzando durante esa segunda mitad del curso 2016/2017 la indiscutible condición de estrella mundial. El técnico galo ya había intentado apostar en muchas ocasiones por el exmalaguista como alternativa a Modric o Kroos en uno de los dos interiores, pero el internacional español no cumplía con una máxima que necesitaba el sistema. Isco, un alma libre, necesita moverse por todo el eje horizontal delante de la pelota, y eso dejaba cojo el sistema, que perdía una referencia de pase hacia fuera básica para explicar el Real Madrid de Zidane, como es ese finísimo control para salir de situaciones de presión agresiva del rival. Por eso, ubicarle como vértice del rombo en el 4-3-1-2 derivó en la mejor versión de su carrera.
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La presencia de Isco, eso sí, obligó a algunos ajustes tácticos imprescindibles para que el Real Madrid siguiera siendo dominante a través del balón. La ventaja para Zidane fue que la construcción de su lado fuerte en salida. ese Ramos-Kroos-Marcelo, permanecía intacto, y ahí Isco supo cómo hacerse útil, acercándose a ese perfil para completar el circuito de pases en ese sector. El comodín para hacer esto sostenible fue Luka Modric, que intercambió más que nunca recepciones retrasadas en el carril interior derecho con movimientos más largos y profundos para dar una opción de pase profunda a Carvajal o al central derecho. Ese paso al rombo tuvo otros tres pilares: la madurez que Casemiro fue acumulando y que le permitió decidir mejor a pesar de que Modric estuviera más lejos, la capacidad de Benzema para hacer también apoyos muy largos en diagonal, lo que suavizó el impacto de eliminar a los extremos, y sobre todo la autosuficiencia mostrada por Carvajal y Marcelo, que en ese curso 2016/2017 comenzaron a dejar jugadas absolutamente determinantes con una facilidad pasmosa.
Merece rescatar en este punto la figura de Cristiano Ronaldo, que evidentemente es otro de los grandes nombres del periplo de Zidane en el banquillo del Real Madrid, y que por su legendario aura dentro de la historia del fútbol quizás esté recibiendo menos protagonismo del merecido en este análisis.