El otro estadio de Sergio Busquets

Los clubes de mayor tradición poseen un ADN tan distinguido que convierten su estadio en un reto diferente. De por sí, ni más fácil ni más difícil (la dificultad nunca está ligada al estilo, sino a la calidad de los jugadores que se enfrenten), pero sí diferente. San Mamés, por supuesto, constituye una de las pruebas más fidedignas de cara a constatarlo. Competir en Bilbao exige ideas claras, velocidad de pensamiento y fluidez en la ejecución. Por eso Sergio Busquets lleva 10 años coleccionando exhibiciones ante la atenta grada rojiblanca.

Durante cuatro cursos, quien más lo padeció fue Ernesto Valverde; motivo por el cual sabía de antemano que potenciar la influencia de su mediocentro en el partido de anoche equivalía a multiplicar sus opciones de victoria. En pos de ello, matizó las posiciones de Rakitic (teórico interior diestro) y Gomes (teórico extremo izquierdo) para convertirlos en una suerte de pareja de volantes abiertos propia de los 90 y 2000, rememorando la variada y ya casi extinta escuela del bético Jarni, el txuri-urdin Karpin, el bermellón Stankovic y compañía. Ensanchando así el circuito asociativo y empleando por dentro al profundo Paulinho para empujar al doble pivote Iturraspe-San José, en la medida de lo posible, se creó a Busquets un marco de uno contra uno frente a Raúl García en el que el pivote disfrutó y desde donde edificó las mejores rachas de juego de su Barcelona.
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Sergio Busquets disfrutó e hizo disfrutar en San Mamés.
Es cierto que el fútbol azulgrana no resultó continuo y que las auténticas claves el triunfo fueron ter Stegen bajo palos y Messi en la finalización, e incluso que, con la cantidad de minutos en las que el Athletic llevó la iniciativa, el nuevo partidazo de Umtiti tuvo más importancia también; pero no deja de ser bonito que un jugador que está sufriendo cada semana y que no parece del todo bien rodeado llegue a uno de sus estadios predilectos y, por cuestiones estrictamente futbolísticas, sea capaz de rendir a un nivel excelso.
Al final, un jugador nunca juega solo, ni contra nadie ni en ningún lugar. Siempre hay unas circunstancias. Y todo afecta al juego. Sólo Leo Messi se escapa, en este deporte, de la Ley de la colectividad.
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“La historia de los encuentros entre el Atletic y el Barcelona es un relato de cómo jugar una batalla destruyendo la posibilidad de crear futbol salvo los momentos de excepción a la regla. Los jugadores se desafían pasándose el balón entre sí a la espera de iniciar la lucha cuerpo a cuerpo. El juego apresurado sin la pausa para pensar, tosco de ida y vuelta. Mama mía”
“Pero atraer para luego soltar es necesario de cara a crear ventajas. Y en el Barça, Busquets es el único centrocampista que sabe hacerlo si no está Iniesta. A mí me parece importante que lo haga. Si solo pasas la pelota rápido, no le das tiempo a moverse al rival y no lo desordenas. Es importante que el rival crea que puede quitarte la pelota para que asume el riesgo que cree el espacio”